Como perros

No entiendo por qué la gente tiene perros. Yo me intento imaginar por ejemplo, que Adriana Lima es mi novia. Y nos llevamos genial. Ella es sensible e inteligente, y me entiende como nadie me entiende. No solo es mi amante, también es mi amiga. Y sabe que a veces me pongo mal, y ella me ayuda a superar el bache, en vez de salir corriendo. Hacer el amor con ella es una experiencia mística-cósmica. Además me hace reír porque graciosa y elocuente. Solo contemplarla una vez en la cama a mi lado, por la mañana, verla despertar, solo ese momento, justifica cien vidas.  Y sabe más que yo sobre las cosas que a mí me gustan, por lo que puedo hablar con ella durante años sin cansarme.  Aprendiendo de ella. Y no me intenta convencer de que soy machista cuando no lo soy. Y además es super buena persona, y acompaña a mis padres al médico cuando yo no puedo ir.  Y cuando tiene la regla, es la semana de las mamadas. Pero si esa misma Adriana Lima, perfecta y fiel, divertida y de buen corazón, se va cagando por ahí sin control, y yo tengo que ir detrás de ella con una bolsa cogiendo sus mierdas aún calientes, porque si no me ponen una multa, le diría: Adriana, esto no funciona, tienes que irte. 

No sé. Mis vecinos están intentando que su perro vaya a la universidad. Están todo el día o chillándole, o dándole aplausos y felicitándole. De forma coordinada, lo hacen los dos a la vez, como siguiendo el consejo de algún terapeuta canino. No sé que quieren conseguir que haga el pobre perro. ¿Hasta donde creen que llega el condicionamiento operante? Skinner consiguió que unas palomas jugasen al ping pong, pero, seamos francos, jugaban al ping pong como el culo. 

Supongo que a la gente le gustan los perros, porque nosotros mismos somos como perros. Tenemos que estar persiguiendo cosas todo el día para ser felices. No podemos ser felices sin más. Esto muy duro. El momento en el que el adulto comprende que  la felicidad no está en las metas que conseguimos, sino en la ilusión que nos genera perseguir esas metas, muere un poco. 

Mira a la gente que consigue algo grande. Están perplejos. Sacarse una oposición. Comprarse un coche. Ganar un mundial. ¿Esto es todo? Parecen decirse.¿Es esta sensación acorde al esfuerzo que he realizado para lograr mi meta? No lo es. Fíjate en los deportistas entrevistados después de conseguir alguna gesta increíble. Están perplejos. Como disculpándose ante los periodistas, y ante la audiencia, dicen que necesitan tiempo para asimilar la magnitud del logro alcanzado. Que están abrumados. Que mañana se darán cuenta de lo que han conseguido. Pero la verdad es que no sienten nada. 

Al éxito le sigue un periodo de tristeza. Es la tristeza de haber conseguido lo que querías. Y solo se pasa cuando algún otro objeto se pone a tiro, cuando la vida nos tira otra pelota, y sintiéndonos renacidos, nos lanzamos a por ella, como perros, imbuidos de la seguridad de que cuando la atrapemos, ésta será la definitiva. La última. La que nos dará la paz que tanto buscamos. Pero no. Porque la paz está en el propio movimiento. La paz está en la propia lucha. La paz está en la guerra. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *