Consejos para la compra de un televisor

Las raíces psicológicas del conflicto político conocido como «Guerra Cultural» me resultan apasionantes. Si usted no sabe lo que es la Guerra Cultural, le felicito: está viviendo su vida. Los que no tenemos una, nos dedicamos a la Guerra Cultural. 

En cualquier caso, deje que le explique cómo lo psicológico puede llegar a lo político. En los últimos treinta años, los psicólogos, esa panda de trileros mancos a la que pertenezco, se han centrado en resaltar la importancia de la autoestima y el pensamiento positivo. Quererse y aceptarse. Desgraciadamente, este enfoque no ha conseguido hacer de presa de contención para el río desbocado que es la crisis salud mental en occidente, la auténtica pandemia de nuestro siglo. 

Como todo esto de quererse no suele dar resultado, después del psicólogo, le llegará un activista (a veces son la misma persona), y le dirá: si has intentado aceptar tu situación (física, profesional, familiar o afectiva), y no lo has conseguido, es por las expectativas imposibles impuestas por una sociedad cruel y competitiva. Hay que cambiar el sistema. Y ese, amigo mío, es un tobogán por el que uno se desliza con mucha alegría, y que conduce a una piscina de victimismo y pasividad que no sientan muy bien a largo plazo. Lo digo por experiencia.

Alguien le podría proponer algo distinto, por ejemplo, algún psicólogo canadiense guapo, alto y con voz de ardilla, que en vez de reconfortarle con palmaditas en la espalda y eslóganes de taza de desayuno, le propusiera llevar una vida cuya guía sea la búsqueda del sentido, y le sugiriese que puede encontrar ese sentido en la responsabilidad. Sea responsable. Tome las riendas de su vida. No haga lo que le apetezca, haga lo que es necesario. No puede escapar del sufrimiento, es inherente a la condición humana, pero esfuércese por encontrar algo que haga que ese sufrimiento merezca la pena. No se compare con los demás, hágalo con quién era usted ayer, y con esa guía, intente mejorar un poquito hoy. Puede llegar muy lejos si mejora un poquito cada día. Trate de cuidar de usted, como si usted estuviera cuidando de una persona a la que quiere.

Los activistas, sin embargo, piensan enfoque refuerza la ideología neoliberal. Para ellos todo esto suena como uñas rasgando una pizarra. Que uno tenga algo que decir sobre su destino, es considerado una vulgaridad, ya que lo que hay que hacer es cambiar el sistema. Este señor está soplando sobre el castillo de naipes que han construido.

Y no lo entiendo, porque este enfoque es tan humanista como cualquiera. En su desarrollo, el cielo en la tierra es posible si todos somos la mejor versión de nosotros mismos, radiando nuestro bienestar y satisfacción a los demás. Al infierno se llega dejándonos caer hasta nuestra peor versión, cuando nos convertimos en agentes infecciosos que contaminan todo lo que tocan. 

Yo por ejemplo, desde que estoy mejor , le he dado un respiro a la gente de mi entorno, de la que era profundamente dependiente (a pesar de seguir siéndolo, en alguna medida). No solo eso, de vez en cuando incluso les hago reír. Y estoy en disposición de ayudarles, en mi modesta capacidad, sí así lo requieren. Subestimamos el enorme poder que tenemos de influir en nuestro entorno. Éste inmenso don para cambiar el mundo no se encuentra precisamente entre las papeletas de nuestro colegio electoral, sino en nosotros mismos. 

¿Sabe usted cúal es la diferencia entre una televisión de tecnología LED, y una de tecnología OLED? A mí me lo explicó un vendedor resacoso de El Corte inglés. Se lo cuento a ustedes tal como él me lo contó a mí: Los televisores LED tienen un único foco de energía, un sistema, que ilumina toda la pantalla. Las OLED, por su parte, tienen millones de receptores chiquititos, que generan luz por sí mismos, formando todos juntos una imagen nítida. Las televisiones OLED  se ven muchísimo mejor.

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