Multialsina

Me suelo consolar con el hecho de que vivo mejor que Felipe II. A veces cojo el autobús para ir a Madrid y pienso: “Felipe II nunca disfrutó de esto”. Una carretera de tres carriles perfectamente asfaltada, sobre la que se desplaza un supositorio gigante de acero, a cien kilómetros por hora. Y dentro: yo. Cómodamente sentado, en un asiento lo suficientemente mullido como para sentirme protegido, pero a la vez rígido, para que no me entre la tentación de dormirme. Como el amor de un padre. Con aire acondicionado en verano, y calefacción en invierno. Y no hay nada de sífilis en el autobús. Ni peste bubónica. Ni el conductor tiene derecho de pernada sobre los viajeros. Lo más parecido a la Inquisición son los revisores, y ya casi no hay. Felipe II daría la mitad de si Imperio por poder tener esta deliciosa experiencia. Y yo lo hago todos los días. A veces de mala gana.

Esto de jugar a pensar en el tiempo y en los personajes históricos, a veces sale mal. Por ejemplo, cuando estoy embobado viendo teles en El Corte Inglés, gigantescas, y planas como el pecho de mi primera novia. Y me da pena que Kurt Cobain no esté vivo para ver todo esto. Le daría un sincope. Cuando el falleció, las televisiones que había eran como mucho de 40 pulgadas, y de tubo. No había ni internet. No había nada. Había que hacer canciones para entretenerse. Me gustaría que resucitase y viera esas paredes de imágenes, esos objetos milagrosos, están conectadas a internet, o sea, a un infinito al que tenemos acceso. Me quedo mirándola en trance, diciéndome “es increíble”. Puede parecer tonto, pero creo que la capacidad de seguir maravillándose ante los milagros de lo cotidiano, es clave para mantener cierta cordura. Y me gustaría andar tranquilamentepor los pasillos del centro comercial explicándole a Kurt Cobain todas las cosas nuevas que hay, y para qué sirven. Como ya hago con mis padres.

El tema de la personalidad en psicología siempre ha estado la mar de entretenido. Desde Hipócrates, todo el mundo tiene algo que decir sobre cómo clasificar a los humanos en función de su carácter. Ahora bien, la cosa no es tan simple como clasificar a las personas en grupos, sino en pensar qué demonios es eso de la personalidad. Por ejemplo, uno es padre, hijo, tío, compañero de trabajo, amigo, amante, marido (con un poco de suerte, de la misma persona a la que amas) y vecino. Todo eso a lo largo de un solo día, según la situación en que te encuentres. ¿Son todos esos roles distintas (sub)personalidades, o son aspectos de una misma personalidad integrada? Yo que sé, no me acuerdo ya de la conclusión a la que se llegó en su momento. A lo mejor el debate sigue abierto.

Hay un anuncio que aborda este tema, sin quererlo. Es de Onda Cero. Promociona el programa de Carlos Alsina. El anuncio parece creado en medio de un brote psicótico. Está protagonizado por una docena de Alsinas, que como humpa lumpas, trabajan intensamente en el estudio de Onda Cero para traerte el mejor programa matinal posible. Así, tenemos al Alsina que informa (sale Alsina escuchando atento), el que entrevista (sale uno entrevistando), el que argumenta (sale otro argumentando), el analista (sale uno mirando una tablet con interés, como entendiendo algo), el que escucha a sus oyentes (sale uno poniéndose los cascos), el que entretiene con humor e ironía (sale haciendo un gestito asqueroso con las manos que hace reír a otros dos Alsinas con los que está sentados en la mesa del estudio).

El caso es que el anuncio, que lleva ya un tiempo en la tele, me pone incómodo. Porque me veo representado. Siento que hay siete u ocho personas distintas dentro de mí, bastante incompatibles entre ellas. Y además se manifiestan sin que yo tenga mucho control sobre ello, según quién esté delante, la situación en la que me encuentre, el número de cafés que me haya tomado, o la última película que haya visto. Me desconcierta mucho, y creo que a los demás también.

En esta entrevista, el Rey Langosta (larga vida al Rey Langosta) explica que uno de los muchos problemas que afrontan las personas creativas, además de que son pobres como ratas, es el de la dificultad de establecer una identidad propia, porque todas les parecen guays y van saltando de una a otra. Así que yo tengo todo lo peor de ser creativo: la dispersión, confusión e incapacidad de crear riqueza, y nada de lo mejor de ser creativo: la capacidad de crear.


Me cago en la puta.

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