Neuroticolombo

Lo que se necesita para salir adelante no es un gran cambio, sino un montón de cambios pequeños, milimétricos, quirúrjicos. Es cierto que también hace falta la voluntad para mantener esos cambios en el tiempo, pero sobre todo, hace falta estar atento. Hace falta ser un detective de uno mismo. 

A uno le gusta pensar que la vida le cambiará en un viaje, leyendo a Foucault, o teniendo una experiencia catártica. Es más fácil que eso, y la vez más difícil. Más fácil porque no hay que hacer un esfuerzo titánico, y más difícil porque hay que mantenerlo en el tiempo. Y es menos glamuroso sin duda. Es mucho más atractivo contar que la vida te cambió tras un viaje a Nepal, o viviendo con una tribu en el Serengueti, o tomando Ayuhuasca con Miguel Bosé en un bosque de Perú libres del 5G, que acostumbrándote a levantarte todos los días a la misma hora. Es más atractivo para tu propio relato pensar que la vida te cambiará tras leer a Dostoievsky , que saliendo a caminar 45 minutos al día todos los días antes de ir a trabajar. Tu psicólogo o tu psiquiatra no te dirán esto, porque hay que ser un poco humilde para hacer estas afirmaciones, y en esas profesiones no abundan las personas humildes. Te lo digo yo, que soy psicólogo y tengo un blog en 2020, que es lo más narcisista que puede haber.  

Hay que estar todo el rato mirando lo que hacemos y cómo nos hace sentir. No como neuróticos, sino como científicos observadores. Observar la acción, y luego como reacciona nuestro cuerpo a ésta. Como un detective contratado portigo* mismo. 

A veces, para provocar al interlocutor, suelo decir que no creo en la fuerza de voluntad. Y en el fondo lo digo de verdad. A mí me gusta hablar de corrientes y de inercias. Yo creo que uno tiene que ponerse en el sitio correcto y dejarse llevar por la corriente. Pero tiene que elegir bien el sitio. Es la diferencia entre un delantero que corre mucho y no rasca bola, y uno que siempre está colocado en el sitio al que casualmente siempre va el balón tras un rebote.

Sí tienes el frigo lleno de comida sana, tenderas a comer comida sana. Es cierto que un par de días bajarás a la calle, te pondrás junto a un semáforo, y a la primera oportunidad tirarás de la moto al repartidor de Telepizza, y te comerás sus pizzas y luego su cuerpo, pero pasará solo un par de veces o tres. Sí te acostumbras a desayunar sentado frente al escritorio, en vez de en el sofá frente a la televisión, puede que tiendas naturalmente a organizar tu día o hacer algunas cosas productivas sin esfuerzo alguno, aunque se te manche la agenda con la grasa de las alitas de pollo, o lo que esa que desayunéis vosotros. Si dejas el tabaco en el coche, tendrás que bajar al garaje para fumar, y por tanto lo harás menos, aunque un día te dejes una colilla encendida en el coche y quemes el edificio.

*He decidido inventar esta palabra, portigo, al descubrir, la insomne noche del 26 al 27 de Agosto del 2020, que su no existencia era una enorme carencia en nuestro idioma. Si contigo es un pronombre personal que se define en la Rae como «Con la persona a la que se dirige quien habla o escribe», propongo portigo como pronombre reflexivo que hace referencia «a la persona a quien se encarga o que lleva a cabo una acción deliberada, cuando esa persona es uno mismo».

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