Santa María

Últimamente pienso bastante en la relación entre amistad y horticultura. Hay gente que piensa que los amigos son como esos cactus feos que tienes en el cuarto, que compraste por 1€ en el Carrefour, porque pensabas que así te sentirías menos solo. Al poco tiempo no obstante, ese cactus se vuelve invisible en tu estantería. Te acuerdas de ese él una vez cada dos años, cuando te da un aire. Lo buscas en la estantería, y si no está muerto, te alegras un poco, le echas agua, y no vuelves a acordarte de él hasta el año siguiente. No me interesan ese tipo de amigos.

Tampoco digo que sea yo un bonsái. Es más, ni siquiera exijo a mis amigos que me traten como a un simple poto, al que hay que estar todas las semanas regando, por lo menos una vez, porque si no se muere.

Pero sí como a una orquídea. Una orquídea es bastante fácil de cuidar. Cada dos meses, miras el color de las raíces, le echas medio vasito de agua, ves si están saliendo los tallos. Ya está, solo eso. Un ratito cada dos meses. No es tanto. Francamente, si no puedes dedicarle treinta segundos a una orquídea cada dos meses, no te mereces una orquídea. Ni mi amistad.

Y ojo, tampoco es que mi amistad sea gran cosa. Fuentes acreditas independientes consultadas para la redacción de este artículo así lo atestiguan. Soy una persona sencilla. Mis referentes son personas comunes.

Por ejemplo, la gente que fuma porros. Me gusta la gente que fuma porros. Los porros me sientan mal, pero la gente que los fuma me sienta bien. Me atrae la idea de la “personalidad de fumeta”. Una idea idílica, casi mitológica, del fumeta como un ser un poquito iluminado, envuelto permanentemente en una nube de humo, a través de la cual se adivina una media sonrisa, al estilo de la Gioconda, acompañada de un sano desapego hacia los problemas de la vida. Más payá que pacá, que diría mi madre. Su opinión cualificada sobre cualquier tema es “me la suda”, y su consejo terapéutico es el consabido “no te rayes, tronco”, siempre entretejido con una hebra de amor fraternal, del cristiano, del bueno, del que no pide.

Por supuesto, estoy exagerando. No he conocido a nadie así. La mayoría de fumetas que me he encontrado en mi vida no tenían nada de religioso, ni de místico, ni de renacentista. Ahora que lo pienso, he conocido a más personas que han tenido problemas mentales graves derivados de fumar porros, que amorosos fumetas. Pero bueno, necesitamos crear referentes. Y el mío, por lo menos esta semana, es ese.

Y además de referentes, necesitamos recaudar impuestos. El Estado va a quebrar porque la gente no deja de escupirse en la boca. Holanda ingresa 400 millones de euros al año por impuestos derivados de la venta legal de marihuana. Y nosotros, que somos más, y somos también más borricos, según ciertas estimaciones, podríamos llegar a ingresar 3.300 millones de euros al año si aquí se legalizase. Con ese dinero podemos hacer tests PCR hasta a los clips de Playmobil.

Tenemos que prepararnos. Las cosa se va a poner fea. Vamos a vivir situaciones que se supone que no íbamos a vivir. Vamos a ver cosas que nos van a hacer querer arrancarnos los ojos. Llegaremos a echar de menos la vida que ahora odiamos.

A veces me da por pensar que todo esto solo es un truco de Hollywood, en su eterna lucha por entretenernos. Han decidido el giro de guión definitivo: los protagonistas de la nueva entrega de Mad Max seremos nosotros mismos. La experiencia multimedia definitiva.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *